Amable y firme, principio esencial de Disciplina Positiva

Como bien te expliqué en el último post de teoría, existen diversos estilos de crianza con sus diferentes peculiaridades. Sin embargo, sólo uno de ellos crea personas independientes, autodisciplinadas, colaboradoras y con una autoestima sana: la Disciplina Positiva.

En ese post del que te hablo también encontrarás detallados todos los principios básicos de una disciplina eficaz, pero hoy vamos a tratar más detenidamente uno de ellos y el que, en mi opinión, es la base de esta filosofía de vida: ser amable y firme al mismo tiempo. ¿Comenzamos?

Que quede claro.

Como sabemos, los estilos parentales controladores carecen de amabilidad y los enfoques permisivos carecen de firmeza. Sin embargo, es en la Disciplina Positiva donde se encuentra el punto medio entre ambos.

El problema es que la mayoría de los padres no sabe exactamente qué significa ser amable y firme al mismo tiempo y confunden la amabilidad con consentir a los hijos y dejar que estos hagan lo que quieran; y la firmeza con el uso de castigos, reprimendas y sermones.

Además, otra de las dificultades a la hora de llevar este concepto a la práctica es que muchos padres no se sienten con la motivación necesaria para ser amable en un momento de cabreo. Pero, ¿es demasiado pedir que, como adultos, controlemos nuestras emociones primitivas para poder tratar a los demás con respeto?

Por último, otra complicación sería que los padres tienden a bailar entre los dos estilos más extremistas, conviviendo en un círculo vicioso sin salida, donde son muy autoritarios cuando sus hijos «se portan mal» y muy permisivos cuando quieren compensar esa firmeza.

Qué es eso de amable y firme.

Ahora que tenemos un poco más claro el por qué no nos sale del todo bien practicar este concepto, vamos a desmenuzarlo más a fondo para comprenderlo mejor.

La AMABILIDAD es necesaria en nuestra crianza para manifestar que respetamos al niño.

A diferencia de lo que creen muchos padres (y profesionales de la educación), la amabilidad no hace referencia a la permisividad, es decir, no estás siendo más amable cuando rescatas a tu hijo de una situación que podría servirle para aprender habilidades para la vida.

La FIRMEZA es necesaria para manifestar que nos respetamos a nosotros mismos y respetamos el contexto en el que estamos.

La firmeza no está relacionada con los castigos, los sermones o cualquier otro método autoritario. Tu hijo no va a pensar que le estás haciendo un favor castigándole porque así aprenderá a ordenar su habitación la próxima vez, es decir, no va a aprender esos valores que tanto esperas que tenga cuando sea mayor mientras se sienta mal.

¿De dónde sale la loca idea de que para que un niño se porte mejor, primero tenemos que hacer que se sienta peor?

rudolf DREIKURS

¿Quieres un ejemplo?

Te lo pongo aquí. Tu hijo de cinco años te ha llamado «tonto» después de enfadarse por recogerle sus juguetes. Una manera de abordar ese problema sería decirle amablemente que ‘siento que te hayas enfadado así y cuando puedas hablarme adecuadamente estaré encantado de hablar contigo’ y salir de esa habitación, cumpliendo lo dicho firmemente.

No, no pasa nada por abordar el problema más tarde. Es más, normalmente es mejor hacerlo de esa manera, ya que, en ese tiempo de desconexión, nuestro cerebro racional ha vuelto a aparecer y podremos buscar soluciones más acertadas, estando más tranquilos.

Cómo ser amable y firme a la vez.

Ahora que sabes la teoría, ¡vamos con la práctica!

Cuando te encuentres en una situación de conflicto con tu hijo, lo que te aconsejo que hagas es nada más y nada menos que esto:

  • Lo primero de todo, valida sus sentimientos y expresa tu comprensión hacia ellos: ‘Veo que te lo estás pasando muy bien en el parque’.
  • A continuación, muestra empatía: ‘Yo tampoco me querría ir’.
  • Ahora, invita al niño a recordar el límite establecido: ‘Y habíamos acordado que nos iríamos a casa en diez minutos’.
  • Por último, no digas nada más (ya que, normalmente, solemos cagarla aquí, siendo muy amables o muy firmes) y deja que el niño dé el paso.

De verdad, cuantas menos palabras y más actos mejor. Deja que tu hijo experimente el poder de decisión sobre su conducta. Luego, si no funciona (la Disciplina Positiva no funciona a corto plazo), siempre puedes cogerle de la manita (amablemente) y recordarle el límite establecido mientras os vais a casa.

En conclusión.

Cuando somos firmes con amabilidad, dignidad y respeto por los niños, estos aprenden muy rápido que portándose mal no conseguirán lo que esperaban y eso los motiva a modificar su conducta, mientras que su autoestima está completamente ilesa.

¡Y hasta aquí el post de hoy! Si tienes alguna pregunta, puedes escribirme aquí o en mi perfil de Instagram. Espero que te haya servido para conocer más a fondo la Disciplina Positiva y, si te ha encantado, compártelo para que llegue a más gente.

Por cierto, ¡no te vayas sin conocer TU ESTILO DE CRIANZAaquí!

🌻

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